Más que hornear pasteles.

La cooperación o la implicación de los padres es un elemento fundamental en las escuelas Steiner-Waldorf. Pero, ¿qué queremos decir con eso? ¿Estamos pensando en el voluntariado de padres para la fiesta de fin de curso o la limpieza del colegio? ¿Estamos hablando de “educar” a los padres en las reuniones de padres? ¿Los maestros deben guiar a los padres en los cuidados del niño y la vida en familia? ¿Cómo pueden los padres implicarse activamente en el desarrollo escolar? ¿Cuáles son las contribuciones de los profesores en este sentido y qué aspectos son importantes?

Por Karin Smith *

Traducido por Irene Rincón Arellano

Las escuelas Waldorf se fundaron por un impulso social; este impulso vive en una tríada dinámica entre maestros, niños y padres. Con el paso del tiempo, ciertas actividades han llegado a establecerse como “tareas típicas de padres”, en muchas escuelas. Pero, ¿todavía es esto apropiado hoy en día? La participación de los padres en la escuela debe ser adaptada a la situación contemporánea. Que un profesor dé una charla a los padres en las reuniones de padres o reducir la así llamada colaboración parental a hacer pasteles asumiendo que las madres son “amas de casa”, son formas de pensar que deben ser analizadas escrupulosamente.

Los padres son profesionales: artesanos, gerentes, médicos o jardineros. Muy diversas profesiones y capacidades son representadas por los padres. Debido al desarrollo demográfico, también hay muchos abuelos que quieren implicarse activamente en la escuela. Este potencial debe ser bienvenido en las escuelas. Padres y abuelos no quieren ser meros ayudantes, quieren implicarse activamente, quieren aportar ideas y que se les den responsabilidades. Hoy en día, la colaboración de los padres tiene que basarse en un compromiso real.

Comprender las dificultades

Con frecuencia vemos al otro en un rol particular; vemos “al maestro”, “la madre” o “el padre”, y nosotros también hablamos y actuamos desde nuestro propio rol. Esta manera de relacionarse puede conducir a la ansiedad en cada una de las partes. Los profesores tienen miedo de ser considerados como incompetentes por los padres; por lo tanto se esconden detrás de la máscara del experto omnisciente. Pueden llegar a mostrarse condescendientes, incluso hacia padres que han estado más tiempo en la escuela que la misma maestra. Los maestros a veces olvidan que los padres han estado con los niños desde su nacimiento, que conocen a su hijo y su desarrollo de una manera más íntima que el maestro.

Los padres, por otra parte, suelen mostrarse un poco inconscientes en cuanto a la concepción de la clase como un todo. Están centrados en su propio hijo. Las preguntas son: ¿Mi hijo está bien? ¿Obtiene la suficiente atención? ¿Están cubiertas sus necesidades individuales? Los padres esperan que la escuela ofrezca a sus hijos las oportunidades perfectas para el aprendizaje, porque ellos han elegido la escuela. Por sus hijos ellos asumen obligaciones financieras extra y otras exigencias adicionales.

Steiner debió prever parte de este conflicto potencial, cuando dijo en la escuela de padres de Stuttgart el 22 de junio de 1923,

Pero sobre todo, hemos de centrarnos en nuestras intenciones. No podemos esperar conseguir demasiado de instrucciones particulares que los maestros pueden dar a los padres, en un sentido u otro o viceversa; pero podemos esperar mucho cuando maestros y padres se encuentran con el espíritu apropiado, con la actitud correcta.”

Por lo tanto, casi todo depende de las intenciones correctas, de la actitud personal. Esto es válido para el encuentro directo entre padres y maestros, pero también para cualquiera que esté involucrado en el día a día de la escuela.

El aprecio de las cualidades

Padres y maestros personifican ciertas cualidades. La escuela es el lugar de trabajo diario de los maestros; su tarea crea coherencia y fiabilidad. Pueden ser percibidos como una comunidad herméticamente cerrada. Los maestros tienen que encontrar el equilibrio entre crear una comunidad segura y al mismo tiempo estar abiertos a nuevos impulsos.

Los padres, sin embargo, son de igual manera parte fundamental y esencial de la escuela. Sin ellos, no habría escuela. Comprensiblemente, ellos rondan por la periferia, casi nunca entran al edificio escolar y cuanto más mayores son los niños, menos saben los padres sobre la vida escolar. Su distancia física para con la escuela y las otras familias, nos conduce a la impresión de que están, en cierto modo, aislados. Sin embargo, en el mejor de los mundos, ellos sustentan la escuela, no sólo a nivel financiero, sino también espiritualmente. Esta implicación invisible es absolutamente esencial para los maestros.

Un camino hacia delante

En muchas escuelas se ha comprobado el beneficio de conducir la colaboración de los padres hacia una nueva fase planteando una serie de preguntas:

¿En qué fase del desarrollo de la escuela nos encontramos ahora?

¿Qué es importante para la situación actual de nuestra escuela?

¿Cuáles son las visiones que tienen los padres y los profesores para esta escuela?

 En los primeros años de una escuela podemos contar con la energía y el entusiasmo del comienzo. Después de algún tiempo, sin embargo, podemos apreciar cierta desilusión y fatiga. Además, los procesos y grupos de trabajo han llegado a instaurarse de manera sólida. Esto da lugar a un poco de calma, después del caos de los primeros años, pero podríamos perder la energía de la generación pionera. ¿Cuáles son las destrezas y las formas de cooperación que se necesitan ahora?

¿Quién ha de formar parte de qué grupos de trabajo y participar en la toma de decisiones? Si hay nuevas ideas estimulantes que discutir sobre la etapa secundaria, o estamos planeando construir un nuevo patio, entonces debemos considerar cómo pueden colaborar los padres en la planificación y la puesta en práctica de tal empresa.

¿Deberían ser consultados los padres cuando se emplea a nuevos profesores? ¿Cómo debería organizarse este proceso? ¿Deberían los padres participar a la hora de trazar los criterios para la creación de nuevos puestos de trabajo?

¿Cómo crear oportunidades abiertas en las cuales la persona, la situación del niño, los padres, los profesores y la comunidad escolar puedan tener su propio espacio?

En el mismo barco

Si queremos implicarnos de manera consciente en una escuela, hemos de decir también sí a la colaboración. Sin embargo podríamos encontrar algunos inconvenientes. Los participantes de una reunión o escuela de padres son gente que no ha elegido personalmente al otro para trabajar con él. De hecho, es posible que el grupo no valore las opiniones de alguna persona. Es posible que no estemos de acuerdo con la manera que alguien tiene de educar a sus hijos. A veces, hay un conflicto de estilos de vida.

De esta manera, puede ocurrir que me siente ahí, en “mi” grupo de trabajo, en la reunión de padres, con gente que me parece bastante peculiar. ¡Y mi hijo va al colegio con el suyo! La madre preocupada que hay en mí, ve como aparece ante mi ojo interior la espantosa invitación de una fiesta de cumpleaños en Mac Donald’s y el detestable iPod.

Ahí me siento con gente cuyos comentarios podría considerar intrusivos, gente demasiado echada para delante, demasiado egocéntrica, demasiado tímida, demasiado moderna o demasiado intelectual. La cólera aflora porque yo deseo un ambiente abierto en la escuela para que lo nuevo, el futuro, pueda ver la luz. ¿Cómo encuentro un camino por el que avanzar en esta situación?

Aprender a escuchar

La habilidad más básica que necesitamos, es la de la escucha. Pensamos que el propósito de escuchar es descubrir algo que nos trasmite nuestro interlocutor, algo que nosotros no sabíamos y que nos será útil. Sin embargo, la filósofa Natalie Knapp señala que el mayor potencial de la escucha subyace en encontrar algo que “el interlocutor no conoce ni él mismo”. La habilidad de escuchar con empatía, capacita a mi compañero para encontrar claridad en su propio pensamiento. Como un alumno dijo una vez: “Sólo cuando hablo sé lo que pienso.”

La tarea más importante en las reuniones de padres o en un grupo de trabajo es, por lo tanto, crear espacio para los pensamientos de otras personas. Esto, a su vez, permite que emerjan aportaciones, visiones e ideas adicionales. De ese modo empieza un proceso dinámico, el cual – de acuerdo con Natalie Knapp – “despierta la inteligencia de un grupo.” Sólo entonces se pueden dar nuevos pasos. Dicho esto, somos todos hijos de un mundo que cada vez es más individualista. La escucha empática, el pensamiento compartido y la cooperación verdadera no nos resultan fáciles. Esto significa que tenemos que hacer un esfuerzo para mantener en un segundo plano nuestras opiniones, nuestros proyectos personales y el omnipresente “Yo sé más”.

La colaboración de los padres es un paisaje con una variedad de matices sin fin; sólo unos pocos han sido mencionados aquí. A veces resulta un agradable paseo, o una excursión fácil, pero a veces parece como caminar por la selva o en un campo de minas. La escucha empática es brújula y bastón para todos nosotros.

* Desde el año 2003, Karin Smith se ha implicado en la colaboración de padres con el doble rol de madre y profesora en la Rudolf Steiner Schule de Ittigen, Suiza. A veces le parece estar oyendo las palabras de la clásica canción de Joni Mitchell “Both Sides Now”.

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