El Camino Interior de Los Padres

padres e hijos

Ana Paula Cury, Médica Antroposófica

Traducción no oficial

 

Cuando hablamos de un camino interior de padres queremos decir, no solo, una búsqueda de la comprensión de la realidad del ser humano que pueda guiarnos en nuestra tarea como padres, sino también la disposición, el deseo de participar en un proceso de continua auto-educación, impulsado por el deseo de servir y apoyar la realización del destino de los que vienen a nosotros, de los que se encomiendan a nuestro cuidado, de aquellos que solemos llamar hijos. Así pues, los padres somos guardianes del misterio de nuestros hijos, para lo cual necesitamos actitudes básicas para que se revele en su propia esencia.  No hay juicio para la crianza, debemos observar, estar presentes y tener confianza en nuestros conocimientos sobre las leyes que rigen los procesos del desarrollo del hombre.

¿Cuáles son las actitudes básicas para acercarse a este ideal?: Proteger, acompañar, confortar, curar. Ellas actúan juntas cuando comprendemos creativamente, y ellas disipan cualquier intención de manipulación en la formación de nuestros hijos.

Proteger

Proteger, además de la evidente protección contra peligros externos, implica proteger el Misterio. El Misterio/niño confiado a nosotros, los guardianes escogidos. A pesar de tener la característica principal de ser indestructible, el misterio/niño necesita de mi protección, porque de lo contrario no podría desarrollarse si fuera expuesto a las tormentas del mundo. Por lo tanto recibo y cobijo el Misterio.

Para llevar a cabo su individualización, el niño necesita de mi mirada y de mi escucha con capacidad de reconocer sus posibilidades, y necesita del sentido que tengo para el futuro. La conquista de esta clarividencia en el ámbito del sentir no es una especie de magia, truco o ilusión. Todo lo que se requiere es una devoción profunda ” la reverencia por el momento presente” y la tranquilidad (R. Steiner, GA 317).

Es preciso callar y aprender a hacer silencio interior. El ruido y la vibración, aquí están fuera de lugar. ¿Y qué son el ruido y la vibración en la esfera del Niño? Evaluar, juzgar, sacar conclusiones, perseguir intenciones.

Acompañar

Paralelamente al compañerismo para la vida exterior, lo que importa es que le damos tiempo al niño para que él se desarrolle. Además, el acompañamiento interior nos obliga a evitar que intervengamos intencionalmente. Debemos estar al lado del niño con una actitud de quien espera en paz – simplemente estar ahí, presente y pacientemente. Mientras que el gesto protector de saborear cuidadosamente el futuro a partir del sentir de la acción del momento está reservado para horas exclusivas y está constantemente amenazado por las distracciones o las llamadas de las presiones externas, el gesto de acompañar añade una cualidad que asegura la constancia: la lealtad, la confianza perseverante .

La lección de la mariposa

Un día un hombre encontró un capullo de mariposa y observó que en él había un pequeño orificio. Durante horas la mariposa luchaba para forzar su cuerpo tratando de pasar a través de agujero. Pasó un largo rato observando los esfuerzos de la mariposa por salir al exterior, pero parecía que no hacía ningún progreso, como si hubiera llegado a un punto donde no podía continuar. Apiadado, el hombre decidió ayudar a la mariposa, tomó las tijeras y cortó el resto del capullo. La mariposa salió fácilmente, pero tenía el cuerpo hinchado y las alas pequeñas y arrugadas. El hombre continuó mirando porque esperaba que en cualquier momento las alas se extendieran para poder soportar el cuerpo que, a su vez, debería deshincharse. Pero nada de esto ocurrió. Por el contrario, la mariposa pasó el resto de su vida con el cuerpo hinchado y las alas encogidas… ¡nunca pudo volar! Ansioso por ayudar, el hombre no sabía. No conocía el proceso de la metamorfosis que permite el vuelo de la mariposa. Porque es el esfuerzo que le da esta capacidad: al comprimir su cuerpo por el orificio del capullo, segrega un fluido necesario para estirar sus alas y volar. Como la mariposa, también necesitamos del tiempo y del compromiso de nuestras fuerzas en nuestras vidas. Sin obstáculos y sin la fuerza necesaria para vencerlos, estaríamos debilitados.

Confortar

Confortar, en el sentido del arte de ayudarlo a encontrarse a sí mismo. Además del consuelo obvio en relación a las tristezas, enfermedades y penas, etc., es preciso que encontremos todos los obstáculos y confusiones que acontecen mientras se desenvuelve el Niño, de tal forma que podamos absorber y limitar sus efectos. La mayor tristeza de un niño y la más profunda ansiedad se manifiestan cuando la esencial realización de sus esperanzas se oscurece. Esto sucede a través de cada experiencia de desprecio o rechazo de su voluntad pura.

Cuando los adultos se mueven por razones ajenas a la relación con el Niño, lo desorientan  imponiéndole expectativas, demandas y restricciones en su más pura voluntad, o transgrediéndolo. Los prejuicios también son abusos. Esto significa irrespeto y/o negligencia. La consolidación de sus esperanzas también se bloquea cuando el niño se encuentra con actitudes negativas y formas de actuar hostiles como la inclemencia, la injusticia, la incomprensión y la decepción. Podemos decir que un niño fue violentado por motivos que nada tienen que ver en la relación con él  cuando, por ejemplo, desarrolla una ansiedad de fracaso; se puede ver en la expresión desconcertada y sin razón aparente que el niño esta desanimado y que se siente vencido por el “mal”.

La ansiedad ante el fracaso. El miedo a fallar y la vergüenza pueden cubrirse en los más diversos disfraces y en todas las formas de comportamiento “anormal”, dependiendo de la naturaleza particular del niño, pero la característica principal es siempre un profundo estrés de algún tipo. Estas experiencias, que amenazan la obtención de la esperanza del niño, son inevitables. Pero podemos consolarlo frente a tales situaciones sacándolo de este estado por la autoridad que se nos fue conferida por el propio niño. Tal vez muchos han oído hablar de una costumbre existente entre ciertas tribus africanas y eso es precisamente esta la actitud esencial de confortar de la que estamos hablando: el reconocimiento que implica recordar su verdadero yo. Esta es la historia de la Canción del Niño.

Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, va a la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que llegue la “canción del niño.” Cuando nace el niño, la comunidad se reúne y canta su canción. Luego, cuando el niño comienza su educación, el pueblo lo acompaña y le canta su canción. Cuando se convierte en adulto, se reúnen nuevamente y le cantan. Cuando llega el momento de su matrimonio, la persona escucha su canción. Finalmente, cuando el alma ha de pasar de este mundo al umbral de la muerte, los amigos y familiares se acercan y, al igual que en su nacimiento, cantan su canción para acompañarlo en el “viaje”.

Pero en esta tribu africana hay otra ocasión en la que los hombres cantan la canción. Si en algún momento de la vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, se le llevará al centro de la ciudad y la gente de la comunidad forman un círculo alrededor de él para cantarle su canción. “La tribu reconoce que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo; es el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tienen deseos y no necesita hacer daño a nadie”. Sus amigos conocen “su canción” y la cantan cuando te olvidas de tu camino. Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que afirman o imágenes oscuras que muestran los demás. Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; tu inocencia cuando te sientes culpable y tu propósito cuando estás confundido”.

Curar

En este punto debe quedar claro que al referirnos a la “cura” no estamos hablando de la eliminación de un estado de enfermedad, sino más bien, la conducción hacia lo esencial. Hablamos de la postura de la educación curativa. De integrar, reunir, de ayudar al niño a retornar a su camino del medio (del equilibrio).

En conclusión, podemos decir que los padres asumimos la responsabilidad de la educación de nuestros hijos como un ser sagrado, mientras que simultáneamente recorremos un camino interior de auto educación, lo cual constituye la única manera de crear las condiciones para permitir que nuestros hijos puedan ser quienes son destinados a ser.


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