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La escuela, patria espiritual de los niños

La escuela, patria espiritual de los niños

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“¿Cómo te ha ido en la escuela? ¿Qué ha dicho el maestro? ¿Qué habéis aprendido hoy? ¿Has sabido hacerlo bien?” Con preguntas como estas son recibidos innumerables niños cuando llegan a casa después de la escuela y los padres quieren saber todo lo que les ha ocurrido. Si el niño es un narrador espontáneo, los padres participan de una vida que les comunica a ellos también abundancia de estímulos.

Pregunta y respuesta quedan interiormente ante los padres que se cuestionan a sí mismos ¿cómo era cuando nosotros íbamos a la escuela? El recuerdo despierta y en su interior siguen investigando, la consciencia profundiza el problema, y sin darse cuenta, la cuestión escolar se convierte en un asunto de vital transcendencia. El tiempo que el niño pasa en la escuela para introducirse luego en la vida, puede ser un poder que lo paralice, en su biografía posterior, que lo enajene consigo mismo, o por el contrario,un feliz impulso de vida que dé calor y profundidad a la existencia.

Cuando los padres, cuyos hijos van a la escuela Waldorf, acuden a una reunión, ven y experimentan algo parecido a lo que sus hijos viven diariamente en la escuela.Oyen al maestro tutor contar lo que ocurre en clase, hablar de los conocimientos antropológico-pedagógicos que le guían. Reciben información del comportamiento, del progreso, del cambio que experimentan los alumnos a través de las asignaturas, y ven por los trabajos expuestos, por las pinturas, los cuadernos, las diferentes manualidades: talla en madera y modelado, los logros de los niños, cómo se hacen cada vez más hábiles y qué talentos artísticos se han despertado en ellos. Ante esto,apenas hay un padre o una madre que no sientan profundamente en su alma, que ellos podrían haber llegado a ser algo completamente diferente, si hubiesen tenido la oportunidad de recibir una preparación escolar que, como ésta, despertara las fuerzas interiores.

Este impulso pedagógico es aún más impresionante en las grandes exposiciones generales de trabajos de alumnos en las escuelas Rudolf Steiner y en las fiestas escolares abiertas al público en las que demuestran su arte en representaciones de euritmia, y teatro, así como en la orquesta escolar, y también cuando los maestros hablan en los encuentros pedagógicos de la subsistencia viva del ser humano en sus relaciones de desarrollo, partiendo del trabajo escolar práctico y de la antropología y pedagogía de Rudolf Steiner. Así se muestra un futuro de la entidad escolar que deja la impresión más profunda, puesto que recibe su orientación de la fuente misma de la naturaleza humana. ¡Somos testigos del surgimiento de una nueva imagen del hombre!

Sobre toda la tierra se extiende actualmente un profundo descontento y una desconfianza insuperable ante la escuela. Ni los mejores y más modernos programas escolares y proyectos de enseñanza, ni la organización mejor elaborada, son capaces de contrarrestar esta tendencia. Así como hoy en día se ha puesto claramente de manifiesto la urgente necesidad de una protección del medio ambiente, basada en las verdaderas leyes biológicas, para que la humanidad pueda recuperar de nuevo su salud, en el campo de la pedagogía tampoco se está ya de acuerdo en enfocar las cuestiones de educación solamente desde fuera, desde el punto de vista de lo útil, de la aparente modernidad, con laboratorios y aparatos sofisticados. Muchos padres sienten horror ante la tendencia existente de hacer de los niños, cada vez más y más, pequeños estudiantes precoces y de convertir las escuelas en universidades. Les asusta comprobar que actualmente en todas las reformas predomina un pensamiento científico materialista y que la escuela cada vez tiene menos conocimiento del ser humano y se guía menos por su espíritu.

Lo que ha llegado a ser la pedagogía de Rudolf Steiner en más de cincuenta años demuestra que una pedagogía que recibe sus líneas de orientación, conocimientos y métodos prácticos del mismo ser humano viviente, no se pasa de moda y es capaz, mediante el aumento de sus facultades educativas, de crecer con el niño y a través del niño. Es la misma vida la que se expresa aquí, es el espíritu pedagógico el que deja oír su penetrante llamada para que aprendamos a poner nuestra atención en lo que escuela y pedagogía pueden ser en realidad.

Rudolf Grosse

Director de la Sección Pedagógica de la Universidad Libre del Goetheanum, Dornach, Suiza.


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